Un William Shakespeare llamado Christopher Marlowe

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Publicado en el libro La Historia perdida como “William Shakespeare, el escritor de las mil plumas”. Para conocer más datos sobre la polémica en torno a la figura de Shakespeare y Marlowe en SER Historia hicimos un debate en el programa 13 y profundizamos más en su figura en el programa 254. Además, mi primera novela, El retrato, recrea el trabajo de este escritor isabelino en el mundo del espionaje del siglo XVI.

La iglesia de San Nicolás en la localidad de Deptford, al sur de Londres, alberga los restos de uno de los personajes más misteriosos de la época isabelina. Allí, en un pequeño sepulcro, yace el cuerpo de Christopher Marlowe (1564-1593). Hijo de un modesto zapatero, Marlowe llegó a convertirse en el autor teatral más importante de todo el período isabelino gracias a tragedias como El Gran Tamerlán, Dr. Fausto, El Judío de Malta, Eduardo II o La Masacre de París, que le otorgaron en apenas cinco años una enorme popularidad. Y su carrera podría haber continuado con éxito si su vida no se hubiera visto truncada en una extraña reyerta ocurrida en una casa del propio Deptford. Era 1593 y Marlowe solamente contaba con veintinueve años de edad cuando murió.

Genio o farsante

Un poco más al noroeste de Londres, a 160 kilómetros, se encuentra la localidad de Stratford-upon-Avon. Allí nació y murió el mundialmente conocido William Shakespeare (1564-1616). Sus más de 20.000 habitantes viven del atractivo turístico que emana este lugar, muchas de cuyas casas todavía conservan el rancio regusto de la época de la dinastía Tudor. La iglesia de la Santísima Trinidad Marlowe02_nacho-aresalberga la tumba del conocido dramaturgo, autor de obras inmortales como Hamlet, Antonio y Cleopatra o El Mercader de Venecia.
Aparentemente, el único vínculo existente entre estos dos autores, Marlowe y Shakespeare, es por un lado la edad; los dos nacieron el mismo año con una diferencia de apenas dos meses; y por otro una incipiente amistad originada dentro del seno de los grupos teatrales londinenses. Sin embargo, la relación entre Shakespeare y Marlowe alcanza tales extremos que numerosos críticos literarios creen que, en realidad, fueron la misma persona. Existen ciertos indicios que parecen señalar que la autoría de las obras de Shakespeare se debe en realidad a la pluma del inefable Marlowe.
La primera llamada de atención fue lanzada en 1895 por un abogado de San Francisco llamado William G. Ziegler en su novela It was Marlowe (“Fue Marlowe”). Sin embargo, la identificación de Marlowe con Shakespeare no tomó cuerpo hasta la década de los 50 del siglo XX. En esta ocasión la investigación vino de la mano de un sacerdote dominico. Su tesis doctoral, defendida en el prestigioso Christ Church College de la Universidad de Oxford, demostraba que Shakespeare no había escrito una sola línea y que todo el mérito de su producción literaria se debía a la pluma de Marlowe. No deja de ser sintomático que la tesis de este religioso fuera aprobada bajo la condición de que nunca se defendiera en público, por expreso deseo de las autoridades universitarias de Oxford.
Poco después, en 1955, el crítico literario Calvin Hoffman publicó su libro The Murder of the Man Who Was Shakespeare (“El asesinato del hombre que fue Shakespeare”), retomando la sugestiva teoría que ponía en duda la autenticidad de las obras del poeta de Stratford-upon-Avon.

Historia y leyenda


El detalle más esclarecedor de todos quizás sea la existencia de una leyenda urbana que gira en torno a la iglesia de San Nicolás de Deptford, en relación a la apertura en cierta ocasión de la tumba de Marlowe. Se dice que allí se descubrió algo realmente curioso. Junto a los restos del escritor había copias de algunas obras de teatro. Parecía lógico que se hubiera hecho enterrar al autor con sus obras. SinMarlowe03_nacho-ares embargo, lo realmente insólito fue descubrir que las copias no se correspondían con las suyas, sino con las de William Shakespeare…
Durante la vida del propio Shakespeare, más de uno le echó en cara que no era el verdadero autor de las obras que representaba. Incluso se llegó a decir que habían nacido del ingenio de Sir Francis Bacon, Roger Manners, y la mismísima reina de Inglaterra, Isabel I (1533-1603), hija de Enrique VIII y de su segunda esposa, Ana Bolena.
A simple vista parece haber más de una contradicción histórica. Marlowe murió en 1593 y Shakespeare comenzó a hacerse conocido precisamente poco después de esta fecha. Sin embargo, a medida que buceamos en la biografía de Marlowe descubrimos detalles realmente insólitos que pueden justificar las sospechas de numerosos investigadores.
Nacido en Canterbury, el 6 de febrero de 1564, a pesar de su origen humilde -recordemos que era hijo de un zapatero-, Marlowe pudo estudiar en la Universidad de Cambridge. En 1580 entró en el Corpus Christi College de dicha ciudad, lugar en el que todavía merodea su fantasma, según dicen las propias autoridades de esta prestigiosa institución. Allí fue reclutado para ser espía, tarea que llevaría a cabo seis años después cuando se desplaza a Rheims, Francia, para informar sobre las actividades llevadas a cabo por los católicos. Sus numerosas ausencias de las clases hicieron que los profesores de Cambridge se negaran en un principio a darle la licenciatura. Sin embargo, una esclarecedora carta del Consejo Privado de Su Majestad la Reina de Inglaterra, fechada el 29 de junio de 1589, instaba a la Universidad de Cambridge a concederle el doctorado justificando las ausencias de Marlowe al “haberse encontrado trabajando al servicio de la Reina y en beneficio de su país.”
Los problemas empezaron a acuciar a Marlowe cuando el gobierno sospechó que era ateo y simpatizante de las ideas de Maquiavelo. A su no probada homosexualidad, hay que añadir que otros investigadores también lo han relacionado con tramas de criminales y de alquimistas, además de llevar una vida de lo más disoluta. Toda esta situación devino en una acusación lanzada por su amigo y compañero de habitación, el también dramaturgo Thomas Kyd (1558-1594), quien, bajo tortura, acusó a Marlowe de ateísmo el 12 de mayo de 1593. Otro amigo, Richard Baines, presentó una nota escrita supuestamente por el propio Marlowe en donde se podían leer 19 ejemplos de ateísmo. Entre ellos destacaban declaraciones del tipo a que Jesús fue homosexual, que la datación de la Biblia era totalmente falsa, o que Moisés no era más que un burdo ilusionista.
En aquella época, la acusación de ateísmo no era una cuestión solamente religiosa que podía llevar fácilmente a la muerte. Además implicaba un fuerte componente político, ya que, en definitiva, significaba estar en contra del régimen político-religioso de la reina Isabel I, circunstancia que, en el caso de Marlowe, agente secreto del gobierno, le colocaba en una posición bastante delicada.
Las circunstancias que rodearon a la muerte de Marlowe no están nada claras. Lo cierto es que nunca se le pudo juzgar por ateísmo, ya que dos semanas después de que Kyd declarara contra él, moría en una reyerta producida en el hogar de Eleanor Bull en Deptford, al negarse Marlowe, según parece, a pagar la cuenta de la cena de aquella noche.

¿Una falsa muerte?


Entonces, si Christopher Marlowe murió el 30 de mayo de 1593, ¿cómo es posible que escribiera las obras que se le atribuyen a Shakespeare, cuya fama comenzó por esas fechas? Algunos historiadores como Mei J. Trow afirman que Marlowe murió producto de un Marlowe04_nacho-arescomplot originado en el seno de la Corona de Inglaterra. Como defiende Trow en su libro Who killed Kit Marlowe? (“¿Quién mató a Kit Marlowe?”), el joven dramaturgo inglés sabía demasiado sobre el acceso a la corona inglesa de Jacobo VI Estuardo (1566-1625) quien a la postre sería Jacobo I de Inglaterra, relegando al olvido a la dinastía Tudor de Isabel I, muerta sin descendencia. Otros creen que Marlowe fue asesinado por orden de algún noble para evitar que acusara de ateísmo a algunas personas importantes de Londres.
Todos estos oscuros detalles hacen pensar a los investigadores que Marlowe pudo rechazar el complot que contra él se había urdido, llevando a cabo un ardid propio de las mejores historias de espías. ¿Fue realmente Christopher Marlowe el joven que falleció en la casa de Eleanor Bull? Muchos creen que no. Es muy posible que Marlowe preparara su salida del país, escudándose en su muerte ficticia. No deja de ser extraño que el asesinado de Deptford recibiera una puñalada en un lugar tan insólito como el ojo derecho, circunstancia que deformó el rostro del cadáver, de suerte que nadie debió de poder reconocerlo. Y tampoco resulta claro que el asesino, Ingram Frizer, fuera liberado veintiocho días después de cometer el crimen, al entenderse que había actuado en defensa propia.
En toda esta trama, seguramente Marlowe no actuó solo, sino ayudado por algún personaje importante de la sociedad isabelina y de quien se sabe que actuó de escudo aquella noche “fatal” en la taberna de Deptford. Contactos y buenas amistades no le faltaban a este agente secreto de la Corona de Inglaterra.
Después de ser “enterrado” el 1 de junio, Marlowe salió de Gran Bretaña, si hacemos caso a esta hipótesis de trabajo, dedicándose a viajar por países europeos como Francia, Dinamarca, Italia, o por África, llegando incluso a Egipto. Fruto de esos viajes fue el conocimiento que más tarde vertería en las tragedias que iba enviando a su amigo Shakespeare, quien, finalmente, las presentaba como propias.
Esta extraordinaria hipótesis explicaría algunos de los aspectos más oscuros de la vida de Shakespeare. Por un lado, se piensa que no se conserva ningún manuscrito redactado de su puño y letra, detalle que confirmaría algunas acusaciones que ya en vida recibió Shakespeare de otros autores como Ben Jonson, quien decía del poeta de Stratford que “sabía poco latín y menos griego”. No en vano, es posible que Shakespeare tuviera que abandonar pronto la escuela, debido a la repentina muerte de su padre, un concejal arruinado de su ciudad natal, y ayudar a la familia a salir de dificultades económicas.
Las únicas firmas conservadas hasta el día de hoy de Shakespeare se deben a varias hipotecas o a varios resúmenes de su testamento, documentos que lo único que hacen es demostrar la historicidad del personaje, nada más, no sirviendo, por supuesto, para autentificar la autoría de sus obras.
Nadie se explica, entonces, que con una cultura tan aparentemente básica Shakespeare conociera detalles tan exactos como para describir con todo lujo de detalles algunos aspectos que aparecen descritos de forma tan minuciosa, por ejemplo, en El Mercader de Venecia. ¿Estuvo acaso Shakespeare en la corte del rey de Dinamarca como para describirla con tal precisión en Hamlet? La respuesta es no. Y una de las posibles soluciones al misterio de Shakespeare es que Marlowe le fuera suministrando todas estas obras a medida que iba llevando a cabo sus viajes por Europa.
La idea de que Shakespeare no escribió ninguna de sus obras nace de la propia época postisabelina. Además de Christopher Marlowe, se ha hablado de la propia reina Isabel I de Inglaterra, o de Roger Manners, Quinto conde de Rutland (1576-1612). De éste último se dijo que había recorrido de forma exacta los lugares que aparecen en las obras de Shakespeare y que el poeta no sería otro que su propio criado, llamado William Shexper. Curiosamente, después de la muerte de Manners en 1612, Shakespeare no volvió a escribir nada. Además, a esto hay que añadir la existencia de un legajo de 1613, por el cual Shexper hereda de Manners una enorme fortuna, en una fecha que coincide con el misterioso retiro de Shakespeare a su Stratford natal.
Algunos estudiosos creen que el que más se acerca al pensamiento vertido en la obra del poeta de Stratford fue Sir Francis Bacon (1561-1626). Al menos, así lo creyó a mediados del siglo XIX Delia Bacon. Este polémico sabio, filósofo y canciller inglés fue autor de varias obras sobre política, lo que respaldaría los abundantes conocimientos sobre sociedad y política del siglo XVI que aparecen en la obra de Shakespeare. Además, algunos han querido ver la existencia de una serie de acrósticos y criptogramas en varios pasajes de la obra de Shakespeare que, al parecer, describen con exactitud la verdadera personalidad de Bacon.
No menos curiosa es la relación de Edward de Vere, Decimoséptimo Conde de Oxford (1550-1604) con el verdadero Shakespeare. Al menosMarlowe05_nacho-ares así lo cree el investigador americano Peter Dickson, antiguo agente de la CIA y que en la actualidad se dedica a la investigación literaria. Dickson afirma tener pruebas de que Shakespeare no era ni él mismo ni tampoco ninguno de los otros autores mencionados, sino Edward de Vere. No deja de resultar sorprendente el hecho de que en la enciclopedia de Henry Peachman, editada entre 1622 y 1661, aparezca De Vere a la cabeza de los grandes escritores, mientras que el nombre de Shakespeare ni siquiera es mencionado. Dickson sostiene que Peachman no puede haber ignorado a Shakespeare y que si no aparece es porque él sabía que De Vere era en realidad Shakespeare.
En cualquier caso, y fuera quien fuese el autor de obras tan geniales como Mucho ruido y pocas nueces, Otelo, o, no me quiero olvidar, Romeo y Julieta, lo más importante es el mensaje de inmortalidad que emanan los sentimientos humanos plasmados en estas obras con el paso de los siglos, un sentimiento tan universal y hermoso que, después de haber disfrutado de él, realmente, da igual saber quién está detrás de todo ello, si Shakespeare o Marlowe. Como dijo el escritor estadounidense William Faulkner, “el artista no tiene importancia. Sólo lo que él crea es importante, puesto que no hay nada nuevo que decir.”

© Nacho Ares 2015