MIS COMIENZOS EN LA EGIPTOLOGÍA

Mi interés por la egiptología nace en 1983 haciendo para el colegio un trabajo sobre el descubrimiento de la tumba de Tutankhamón. Leí el libro de C. W. Ceram, Dioses, tumbas y sabios y quedé prendado. Fue el comienzo. Devoré todos los libros de Egipto que había en la biblioteca pública de Valladolid, la antigua Chancillería, apenas una docena, y todo lo que caía en mis manos sobre el tema. Un día, mi amigo Alberto (hoy violinista de los Celtas Cortos) me comentó que había visto en Revista de Arqueología unas jornadas que se iban a celebrar en Madrid los días 17, 18 y 19 de diciembre. “Vienen los mejores egiptólogos”, me dijo. Y le hice caso. Gasté mis ahorros en esa revista (nº115 noviembre de 1990) en el kiosco de la Plaza Mayor de Valladolid. Vi la noticia en la página 64 y mi madre llamó por teléfono para saber si la entrada era gratuita. Sí, lo era. No lo dudé. Saqué un billete de autobús y me fui a Madrid el día 16 de diciembre. Me alojé en casa de mi tía, junto a la calle San Bernardo. Y viví con pasión esos tres días de egiptología en Madrid. Grabé las charlas y las transcribí a máquina poco después. Hice fotos y estudié con atención las fotocopias que entregaban como material al comienzo de las charlas. Fue mi primer contacto con importantes egiptólogos como Maricarmen Pérez Díe, José Manuel Galán, José Ramón Pérez Accino y Miguel Ángel Molinero Polo. Hoy, casi 25 años después de aquellas jornadas, he conseguido mi sueño, como el de los faraones. Me considero buen amigo de todos ellos y disfruto de lo que más me apasiona, el antiguo Egipto.